Todo nació de una rebeldía. Sentíamos que nuestra época nos empujaba a ir más lejos: a Marte, a vidas digitales, a la siguiente meta. Como si lo que importa estuviera en otra parte: en lo que nos falta.
Pero hay mucho aquí: los que queremos, la naturaleza, el presente, lo que ya somos. Lo simple y lo profundo, que a veces dejamos de ver por buscar más.
STAAY viene de stay: quedarse. Es nuestra forma de rebelarnos contra la idea de huir. Y es también un ejercicio: notar lo que ya está aquí, cuidarlo y darle tiempo.
Echamos raíces en el sur de Chile. Hay inviernos en que la lluvia no para en semanas y veranos en que los tábanos no dan tregua (ni nuestros niños). Pero aquí el ritmo lo marca la naturaleza: las bandurrias al amanecer, el olor a bosque húmedo, nuestros perros acostados frente al fuego, mientras afuera llueve.
Como arquitectos e ingenieros, sabemos que el lugar que habitamos influye en cómo vivimos. Por eso decidimos juntar nuestros oficios, convertir las canas en ganas y hacer de la rebeldía un proyecto concreto: espacios que faciliten el ejercicio de quedarse.
No sabemos qué es esencial para cada persona. Eso lo sabe cada uno. Lo nuestro es más simple: una casa hecha para quedarse.





